La Señora Klein en Querétaro – Crítica de Carlos Rojas

Un punto de vista
La Señora Klein en Querétaro
Carlos Rojas
criticarojas@gmail.com
Especial para el Eitai
“Si yo pudiera llorar así sería feliz” diceLa Señora Klein.
Santiago de Querétaro, México.- Dentro del 6to Encuentro Internacional de Teatro Alternativas e Investigación Querétaro 2011; pudimos ver la obra La Señora Klein de Nicolás Wright tiene un lenguaje maduro, fluido y agradable para recitar. Historia tragicómica bordeada con fina ironía. De otra, el análisis de la evolución en la conducta de los seres humanos, que comienzan actuando impulsados por una situación personal de opresión, y terminan tomando conciencia de la necesidad de comprender y redimirse a sí mismas como mujeres vacías, desconsoladas y deslucidas. Partiendo de una obra de Wrigth, La Señora Klein bajo dirección del mexicano Miguel Lugo, nos invita desde el primer momento de la acción, a entrar en un juego psicológico de tres pilares básicos: soledad, amor y odio. En el primer aspecto, Lugo subraya sabiamente el papel esencial desempeñado por la señora Klein, hasta revelar la confrontación no tanto como una lucha entre madre e hija, sino como una verdadera guerra en el seno de la misma familia, entre ellas, que pelean y se exoneran, ante la mirada afectada, pero, con inseguridades de los lazos familiares, cuya supervivencia pretende confundirse con el interés propio de la señora Klein. Por una parte la exposición de los verdaderos elementos, que se mueven en el trasfondo de la historia, desencadenándola, en sus motivaciones reales. Para ella es insoportable no tener identidad porque es creación de otros. No tiene tranquilidad ni remordimientos.
La obra no se reduce, por lo tanto, a una simple historia. Para conseguir este resultado, su director ha unido tanto de la narración fragmentaria como de la simbología, obteniendo un difícil equilibrio entre el desarrollo de la historia y sus intenciones comprensibles. La acción no está en ningún momento distorsionada, sino que progresa con lógica, siendo los hechos y su encadenamiento natural suficientemente reveladores del pensamiento del autor, sin verse éste obligado a utilizar personajes-portavoces, términos enfáticos o secuencias discursivas y explicativas que entorpecieran la narración. En este sentido, La Señora Klein supone un notable progreso en relación con el montaje anterior de Lugo, De Insomnio y Media Noche de Edgar Chías, porque, al revés que éste, utiliza un tono realista y no intimista, que invita a la reflexión crítica y no a la emoción incontrolada. Y el mérito es todavía mayor teniendo en cuenta los riesgos que implica toda realización teatral independiente.
Pero, Miguel Lugo ha sabido manejar inteligentemente los óptimos medios que La Nada Teatro y La Casa Suspendida pusieron a su disposición, lejos de caer en el peligroso terreno de las superproducciones inútiles.
Por la sobriedad y fuerza de la puesta en escena, por la sinceridad de un análisis que propone sin imponer, por la riqueza de la narración y su lógica aplastante, por la sencillez del estilo y del lenguaje, por la ausencia de todo oportunismo, por una dirección pulcra y precisa, La Señora Klein, es una muestra de teatro culto y productivo que se está haciendo en Guadalajara.
La habilidad de Lugo llega aquí a expresarse con esplendido acierto, porque el desenmascaramiento de la verdad, al margen de suspense temático, hubiera podido producir el rechazo en la comunicación del espectador. Sin embargo, el desenlace último, el ego de la señora Klein y la soledad que se transforma literalmente en aislamiento, sirven de purificación. Lugo se muestra así como un gran integrador de diversos estilos con una sabiduría, un rigor y un dominio, muy superiores a la técnica y, por lo mismo, raros en el teatro de hoy en día en México.
Habría que preguntarse si La Señora Klein es la exaltación de la figura individualista o una critica mordaz de su decadencia. Ambas interpretaciones son posibles. Esa ambigüedad, que deja ancho campo a la sugerencia y permite pluriformidad de explicaciones, es tal vez otro de los máximos acierto de la propuesta.
El elenco agraciado: Sara Quintero, arrolladora, quien ofreció un personaje terminante creíble y sustentado en una armonizada técnica corpoexpresiva que la hizo resplandecer; Vera Wilson Valdés y Marisol Méndez correctas en sus desempeño actoral.
Sin embargo, quedará en la historia del teatro mexicano como un logro de lenguaje y expresión, que en el futuro serán cada vez más inteligibles, porque, como en este caso, enseña a mirar al espectador.

Fotografías: Cortesía de Retnial Aushead
noviembre 13, 2011 a 15:18
FELICIDADES ASI SE HACE,